[…] El sacerdote hace más aguda la voz y requiebra la entonación por la aflicción que deja translucir en su rostro sereno: “ Hoy despedimos a nuestro querido amigo, Damián Soler quien marcha hacia una nueva vida de felicidad y de hallazgos espirituales. No debe embargarnos el dolor por su temprana partida, porque nosotros su familiares y amigos seremos poseedores de su mirada que nos deja como ejemplo imperturbable, la memoria a seguir. En Damián Soler confluían la mirada del hombre y la mirada del artista. Él como pocos seres, sereno supo penetrar con su sensibilidad en el alma de aquellos hombres explotados por una sociedad injusta… Sus fotografías y documentales son expresión de la dura realidad que viven con su angustia y alegría aquellos olvidados en la pobreza…”
(Alape, 1998, p. 170, 110-113, 136, 186)
Arturo Alape